9.23.2009

Reseña de Maria Cristina Azcona : Cuento absurdo a la Luz de la Luna. ed MandalaLapizCero





Reseña de Doña Maria Cristina Azcona, Presidenta de IFLAC en Argentina
“Cuento absurdo a la luz de la luna” escrito por Harmonie Botella Cháves*

Los cuentos en este libro están “escritos” por sus personajes ya que la autora en general utiliza la primera persona. Cuando leí por primera vez, en la adolescencia, “La Mujer Rota” de Simone de Beauvoir, sentí una descarga eléctrica que me paralizó al instante. Fue la primera persona atada al relato de un infierno interior, que nace de una vida por demás desgraciada y a la vez de un interior o de un pasado aún más difícil. La naturaleza humana oscila entre esos dos mundos en forma continua, como los personajes de estos cuentos.

Por otra parte, la autora recrea una realidad tan verídica que hasta nos hace sentir como colgados de una estrella, fuera de esa cruda normalidad que devela en su libro. Una realidad a la que tal vez seamos ciegos y que ella nos ayuda a descubrir. Parafraseando a Calderón de la Barca, tal vez nuestra realidad sea sueño y este libro sea la realidad. Por ejemplo si se trata de un profesional, su discurso es el que le corresponde, por su jerga profesional, sin dejar de ser comprensible al ojo común. Esto le otorga un detalle personalísimo que la autora tiene en cuenta a lo largo del libro en forma destacada. Tal es la descarnada realidad que los rodea, la vivencia creíble de sus desventuras y esa primera persona con que la autora nos desvela hasta el final, apoderándose de nuestra conciencia y de nuestra ansiedad. Pasamos, junto con ella, por varios cambios de vestuario, de personalidad, de sangre, de huesos y de espíritu. Esa es la profundidad con la que accede a despojarnos de toda chance de huida del encantamiento que hipnotiza nuestra mirada, enlazando nuestros dedos a la hoja a cada paso, para ver como continúa la historia. Por supuesto que estos cuentos no tienen nada de absurdos sino que son extremadamente ciertos. Tanto que asusta un poco reconocerlo. Todos somos un poco estos personajes.

Particularmente me gustó el cuento de la estudiante que de noche ejercía la prostitución. ¿No somos acaso todas las mujeres un poco así? ¿Enfrascadas de día en los quehaceres profesionales y de noche recrudeciendo nuestra corporeidad, hasta el límite de la anorexia nerviosa, buscando ser deseables para nuestras parejas o para nuestros cónyuges? ¿No somos un poco todas así, tan creídas de tener todas las vacas atadas a nuestro carro de amazonas hasta que llega un hombre y se adueña de todo nuestro brío? Creo que el cuento va mucho más allá de una historia de muerte y que encierra un mensaje a la mujer y a sus objetivos de vida, en el que ser ella misma no está presente casi nunca, desvariando entre su éxito profesional y su proverbial característica de buscar la dominación masculina, presa de una proverbial ambigüedad desde tiempos de Eva. En cuanto al estilo que esgrime la autora en este libro, podríamos decir que pareciera realista y en verdad considero que es impresionista, ya que recrea la realidad apoyándose fundamentalmente en la resonancia afectiva y moral del personaje ante el exterior vivido como amenazante, también desde este doble balcón que es moral y también psicológico y afectivo.

La dicción que utiliza es sumamente sencilla y fácil de seguir, con lo que logra acercarse a una segura y cierta popularidad en el lector abundoso. Los temas interesan porque son tomados de la vida diaria, de la persona común. El libro es un fresco social donde se mezcla realidad y condena moral, cual un Guernica crudo y a la vez moralista. Harmonie construye un edificio de situaciones muy diversas, en las que nos incluye poco a poco, haciéndonos sentir partícipes, con sutileza, ironía y ternura simultáneamente. Terminamos siendo personajes dentro del libro, tratando de salir de la desarmonía y la angustia fundamental que nos asola junto a los habitantes de sus páginas, solos y desprotegidos como cáscaras de nuez en las aguas turbulentas de la vida. Logra hacer que riamos, lloremos y pensemos como ellos. Nos pasea entre sus sábanas, entre sus amores, entre sus enfermedades y entre sus enajenaciones, como si fuéramos parte de sus almas y sombras en sus crepúsculos afectivos.

Por decirlo así, nos hace suyos.

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